viernes, 29 de diciembre de 2006

¿Qué es ser Latinoamericano?

Alguna vez, escuché a alguien decir, que “el latinoamericano perfecto tendría la belleza de un peruano, la tolerancia de un boliviano, la humildad de un argentino, el optimismo de un mexicano, la palabra de un chileno, el compromiso de un brasileño, el prestigio de un colombiano y la educación de un venezolano”... Algo con una profunda carga de desprecio a nuestros pueblos y a nuestras realidades.

Más allá de las diferencias o similitudes que pudieran haber entre un mecánico de Ciudad México y un albañil de Santiago de Chile; entre un artesano de Bogotá y un buhonero de Caracas; entre un descargador de origen italiano de la Boca, el barrio del puerto de Buenos Aires, que se considera más europeo que latinoamericano, y el labriego ecuatoriano que no se siente ni siquiera ecuatoriano, sino simplemente quechua… todos son producto de un mismo tipo de sociedad, que ha condicionado su historia y su cultura, que ha determinado sus diferencias y sus semejanzas, todos son el resultado de la mezcla de cuatro ingredientes muy diversos entre sí: el aborigen, el conquistador, el esclavo y el inmigrante... es decir: el indígena, el español (portugués o francés), el negro y posteriormente los inmigrantes europeos, hebreos, asiáticos o árabes… un crisol de culturas que ha determinado que los latinoamericanos seamos, por lo general, emprendedores, solidarios, alegres, simpáticos, creativos… o como encontré en “Yahoo Respuestas” a la pregunta: ¿Qué es ser Latinoamericano?, bajo el seudónimo "mima79":

"Es ser solidario y distanciado al mismo tiempo. Es reírse sabroso. Tener las caderas suelticas para bailar. Llevar el despecho con dignidad. Tener várices a los 60 años por culpa de la burocracia. Odiar la política en general y adorar al mesías de turno. Cambiar de opinión de vez en cuando. Estrenar palabras rebuscadas que de repente se ponen de moda. Es valorar nuestras raíces, desde la casa hasta los insólitos vericuetos de nuestra historia. Tener sobremesas. Hacer amigos entrañables en todas partes. Organizar protestas de un día para otro. Tener una opinión para cada cosa. Contradecirnos. Valorar a nuestros viejitos -y no mandarlos a ancianatos en playas lejanas-. Tener cajas y cajas de recuerdos. Tener remedios caseros para todo tipo de males y llorar de desespero frente a cualquier enfermedad. Crecer escuchando cuentos de dictaduras y pasar por alguna en el curso de nuestras vidas. Tener una idea bastante homogénea de qué es un gringo. Odiar a los militares -a menos que estén oportunamente disfrazados de mesías-. Sentirnos en casa desde México hasta la Patagonia. Crecer jugando fútbol y beisbol en la calle más cercana. Estar acostumbrados a que nada sirva como debe ser y aprender a buscarle la vuelta, el truco, para sobrevivir así. Saber tomar de cada licor como si fuera el único y el más exquisito. Comida hecha en casa, sanita y fresca".


Fotografía: (Kiss at Ipanema - Katsuyoshi Tanaka)